Este curso llegó a mi vida en uno de los momentos más oscuros y decisivos de mi camino. Estaba saliendo de una depresión profunda, sintiendo que mi vida había perdido sentido y dirección. Había días en los que no encontraba razones para seguir creyendo, ni en mí ni en el futuro. En medio de ese dolor, hice lo único que sabía hacer desde lo más honesto de mi corazón: orar.
Le pedí a Dios llorando que me ayudara, que me diera una señal clara, que me mostrara un camino. Le pedí con fe, con humildad y con todo el amor del que era capaz en ese momento. Y esa señal llegó de una forma inesperada: a través de un video de Vishen Lakhiani que apareció como publicidad en YouTube. Nunca en mi vida había comprado un curso de desarrollo personal, pero algo dentro de mí supo que eso no era casualidad. Sentí con absoluta certeza: este es el momento de mi transformación.
Hoy puedo decir con convicción que ese encuentro fue una respuesta directa a esa oración. Fue Dios poniéndome en el camino correcto y rodeándome de los mentores adecuados en el momento más crítico de mi vida.
A través del curso de Livebook en la plataforma Mindvalley, no solo aprendí a escribir un libro. Aprendí a ordenarme por dentro, a reencontrarme con mi propósito y a transformar el dolor en mensaje. Gracias a este proceso, logré escribir y completar las primeras Seis Esencias de la Vida, un proyecto que nació como una visión íntima y hoy se ha convertido en una herramienta de sanación.
Si bien es cierto que el libro aún no ha sido publicado en Amazon u otras plataformas, su impacto ya es real. Este libro ha sido un acto profundo de sanación para muchas mujeres. Mujeres que se me acercan, me escriben o me escuchan y me dicen que mi historia las tocó, que algo cambió dentro de ellas. Y eso, para mí, ya es éxito. Porque yo no escribí este libro sola: lo escribí con Dios. Y Dios fue quien puso en mi camino a mis mentores.
Mis mentores son todos los que conocí aquí. Vishen Lakhiani, John y Missy Butcher. Cada uno llegó a mi vida como una pieza exacta en el rompecabezas de mi sanación y mi transformación. Con el conocimiento, la guía y la estructura que ellos me brindaron, logré no solo escribir un libro, sino reconstruirme como mujer, como líder y como ser humano.
Gracias a este proceso, volví a dar mentorías, volví a hablar en público, volví a pararme frente a personas como speaker. No fue fácil. Las primeras veces que salí de una conferencia tenía miedo. Dudaba de mí, de mi voz, de si realmente tenía algo valioso que compartir. Pero aun con miedo, seguí adelante. Lloré, sufrí, sané… y sí, lloré mucho. Pero hoy escribo estas palabras con lágrimas distintas: lágrimas de gratitud, de esperanza y de fe renovada.
Uno de mis sueños más grandes y profundos es poder contar mi historia en los eventos que ustedes realizan. No desde el ego, no desde la vanidad, sino desde el testimonio real. Quiero que las personas vean que el cambio sí es posible, que la transformación verdadera existe cuando hay disciplina, fe y estructura. Quiero que vean que una mujer que viene desde recursos muy bajos puede transformar su vida cuando se compromete con su visión.
Como me enseñó mi mentor John, los sueños no se cumplen por casualidad: se construyen sobre pilares sólidos. Premisa, visión, propósito y estrategia. La premisa es creer que merecemos algo mejor. La visión es la brújula que nos guía hacia el mapa donde queremos estar. El propósito es el motor que nos sostiene cuando queremos rendirnos. Y la estrategia es la acción diaria que convierte los sueños en realidad.
Las Seis Esencias de la Vida está basada en estos cuatro pilares, y es profundamente gratificante ver cómo mujeres se acercan a mí y me preguntan: “¿Por qué tu historia me impactó?”, “¿Dónde aprendiste?”, “¿Cómo lograste este cambio?”. Y siempre, sin excepción, hago referencia a mis mentores. Incluso en la solapa de mi libro queda reflejado su impacto, porque sé que nada de esto hubiera sido posible sin ellos.
Sé que todavía me falta mucho camino por recorrer. No me considero una meta alcanzada, sino un proceso vivo. Pero hoy estoy profundamente agradecida con Dios, con la vida y con mis mentores, porque sé que este momento marca un antes y un después en mi historia.
Creo firmemente que los sueños sí se hacen realidad. Y hoy, con humildad y gratitud, puedo decir que este es solo el comienzo.